Los pasaportes no siempre fueron tan estrictos como en la actualidad. Antes del siglo XX, estos documentos ni siquiera incluían fotografías, ya que la identificación de las personas se realizaba mediante descripciones físicas escritas, detallando rasgos como el color de ojos, la estatura o la forma del rostro.
Fue alrededor de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, cuando comenzaron a incorporarse imágenes como medida de seguridad. Sin embargo, en ese momento no existían normas claras sobre cómo debían ser estas fotografías, lo que permitió una gran libertad en la forma de retratarse.


En esos primeros años, las personas podían tomarse la foto en escenarios informales, con objetos personales e incluso en compañía de otras personas. Existen registros de viajeros posando con guitarras, en exteriores o junto a sus familias, como si se tratara de un retrato familiar, algo muy distinto a los estándares actuales.
Esta falta de regulación hacía posible que las imágenes fueran poco convencionales, alejadas del formato rígido que hoy exige fondo blanco, rostro centrado y expresión neutra.

Con el paso del tiempo, y ante la necesidad de reforzar los controles migratorios, se establecieron reglas más estrictas que dieron origen al formato de fotografía de pasaporte que se utiliza en la actualidad.
Con información de la web
Por: Play Multimedios



