La tradición de visitar los Siete Templos durante el Jueves y Viernes Santo es una de las prácticas más arraigadas del catolicismo, cuyo origen formal se atribuye a San Felipe Neri en la Roma del siglo XVI. El "Apóstol de Roma" organizó estas peregrinaciones como una forma de oración comunitaria y penitencia, buscando alejar a los fieles de las distracciones mundanas de las fiestas de carnaval. Con el tiempo, esta costumbre se extendió por todo el mundo hispano, convirtiéndose en un recorrido simbólico que recrea los siete traslados que realizó Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta el Calvario.
Históricamente, cada estación de este recorrido representa un momento crucial del juicio de Cristo ante las autoridades de su época. El trayecto comienza con el huerto de Getsemaní y pasa por las comparecencias ante personajes como Anás, Caifás, Pilatos y Herodes. Esta "visita a los monumentos" (donde se reserva el Santísimo Sacramento) permite al devoto meditar sobre la soledad y los interrogatorios que sufrió Jesús antes de su crucifixión, transformando las calles de las ciudades en un escenario vivo de la historia bíblica.
En ciudades coloniales como Caracas, Lima o México, esta tradición adquirió una relevancia social única desde el siglo XVIII. Las familias más pudientes y los sectores populares se mezclaban en las calles, convirtiendo el centro histórico en un hervidero de fe. Antiguamente, las iglesias competían por tener el "monumento" más ornamentado, utilizando telas finas, orfebrería de plata y cientos de velas, lo que convertía el interior de los templos en verdaderas joyas arquitectónicas iluminadas para la adoración nocturna.
Durante el siglo XIX, la visita de los siete templos también funcionó como un espacio de cohesión comunitaria frente a las guerras y pandemias. En tiempos de crisis, el recorrido se hacía con mayor fervor, pidiendo protección divina. Hoy en día, aunque el entorno urbano ha cambiado drásticamente, la logística del peregrino sigue siendo similar: caminar de iglesia en iglesia, generalmente en grupos familiares, manteniendo viva una cartografía sagrada que ignora el tráfico y el caos de la modernidad por unas horas.
En la actualidad, el sentido histórico se funde con el turismo religioso y la preservación del patrimonio. Muchos de los templos que se visitan son monumentos históricos que guardan tesoros del arte barroco y neoclásico. Así, el recorrido de los siete templos no es solo un acto de piedad cristiana, sino un viaje a través de la memoria arquitectónica y espiritual de los pueblos, asegurando que el relato de la Pasión siga recorriendo las mismas baldosas que pisaron nuestros antepasados hace siglos.
Por: Jakelyn Sánchez
Diseño e ilustración: Flor Infante



