A la 12 del mediodía en punto la diablada subió a la iglesia como todos los años. Al frente marchaba el capataz, Pablo Azuaje, y el presidente de la Cofradía del Santísimo Sacramento, Manuel Zurita.
La caja comenzó a repicar y su sonido se extendió por todo el pueblo, mientras que en el cielo nubes grises empezaron a acumularse. La puerta del añejo Templo Eucarístico Diocesano nada que abría, mientras que el tambor reclamaba se acelera el proceso.

Luego de unos minutos, la puerta amagó tres veces antes de desplegar sus dos pesadas hojas. La caja sonó desesperada y los promeseros entraron en un frenesí al compás de la rítmica danza.
Arrancaron los rezos de un acólito y luego los del párroco Roberth González, quien bendijo a los cofrades.
Al rato, la voz cantante la llevó el primer Capataz, Pablo Azuaje, quien pidió permiso para iniciar el ritual. Al mismo tiempo pidió al religioso, con voz entrecortada, que incluyera en sus bendiciones a la recién fallecida Tercera Capataz, Juana Ginez.
"Les otorgo el permiso para que salgan por las calles a danzar", dijo el párroco.

Luego, mostró la imagen del Santísimo a los promeseros postrados y los roció con agua bendita. Desde allí se desplegaron por 40 altares.
DCRP



