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El místico encuentro de los Diablos de Yare, Naiguatá y Tarmas se dió en San Francisco de Yare

El repique de tambores y cajas anunciaban hoy, 7 de junio, un hito histórico. En un ambiente donde el asombro se reflejó en los rostros de propios y extraños, las calles de Yare se convirtieron en una comunión ancestral: el esperado encuentro entre las Cofradías de los Diablos Danzantes de Yare, Naiguatá y Tarmas.

​Tres patrimonios, tres identidades, tres formas de rendir culto a lo sagrado a través de la máscara y la danza, se dieron cita para demostrar que la fe y lo religioso corren por las venas de Venezuela con distintos matices, pero con la misma pasión.

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El misticismo comenzó a tomar cuerpo en los alrededores del Templo Eucarístico Diocesano. Cada hermandad, con sus costumbres a flor de piel, desplegó su particular forma de rendir culto al Santísimo. Mientras los Danzantes de Tarmas ingresaban con paso firme al templo, los Diablos de Yare aguardaban afuera, como un ejército vestido de rojo carmesí.

Por su parte, la energía indómita de los Diablos de Naiguatá se mantuvo a la expectativa, congregada estratégicamente detrás de la iglesia hasta que culminó la homilía.

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Dentro del templo, el ambiente era solemne. Monseñor Alberto Castillo, obispo de Los Teques, fue el encargado de oficiar la santa misa. El prelado dejó una profunda reflexión en su sermón:

​"Esto es un encuentro de cofradías, culturas y pueblos, cada uno con su estilo, creencia y cultura".

​La tensión dramática y espiritual del momento religioso llegó a la cumbre durante la comunión. Fue allí donde el sincretismo se hizo carne: los Diablos de Tarmas, ante la inminencia del Santísimo Sacramento del Altar, comenzaron a emitir profundos quejidos y lamentos, retorciéndose en el suelo en una muestra de dolor y sumisión que erizó la piel de los presentes.

​Pero el gran momento de la fe aún aguardaba el acto final. Al terminar la misa, Monseñor Castillo cruzó el umbral hacia el altozano de la iglesia, sosteniendo con firmeza el Santísimo en mano. La respuesta de las tres fuerzas del averno fue inmediata y coreografiada por siglos de tradición:


​Los Diablos de Yare cayeron de rodillas, doblegados y vencidos ante la majestuosidad del Altísimo.

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Finalmente, ​los Diablos de Naiguatá salieron desde la parte posterior del templo para iniciar una veloz retirada, huyendo despavoridos ante la presencia del Dios hecho hostia.

​El alcalde del municipio Simón Bolívar, Saúl Yánez, visiblemente emocionado por la magnitud del evento, no tardó en asomar la necesidad de perpetuar esta cita en el calendario cultural: "Esto es una fundación que hay que institucionalizar. Es el encuentro de tres cofradías, cada una con su simbología del triunfo del bien ante el mal. Unos Diablos huyen, otros se rinden y los terceros se doblegan ante el bien", ejemplificó el mandatario local.

​​Tras el imponente encuentro en los alrededores de la plaza Bolívar, donde los espectadores aún no salían de su asombro, se rompió el trance religioso, la fiesta se mudó al corazón de las comunidades.

Los promeseros locales, con la satisfacción del deber cumplido ante el Santísimo, se desplazaron hacia los sectores La Aguada, Los Indios y Los Añiles. Allí celebraron la tradicional "octavita",

cerrando el ciclo ritual y despidiéndose, con el sudor en la frente y la máscara en la mano, hasta el año que viene.

Vía: DCRP

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