Con devoción, alegría y tambor, cada 24 de junio miles de venezolanos se visten de rojo para rendirle homenaje a San Juan Bautista, el santo que “todo lo tiene y todo lo da”. Esta festividad, reconocida como una de las expresiones más intensas del sincretismo religioso y cultural del país, combina la fe católica con las raíces africanas que llegaron a nuestras costas hace siglos.
San Juan Bautista es venerado como el precursor de Jesucristo y su figura cobró especial fuerza en las poblaciones afrodescendientes durante la época colonial. Los esclavizados veían en él una esperanza de libertad, un protector que escuchaba sus plegarias, y por eso lo celebraban con música, cantos y danzas. Así nacieron los tambores de San Juan, una manifestación ancestral que se ha mantenido viva a través de generaciones.



Los repiques comienzan desde la madrugada y se extienden durante toda la jornada con toques de mina, curbata y tambor redondo, acompañados de cantos devocionales y bailes en procesión. Las mujeres,con vestidos coloridos, y los hombres con pañuelos rojos, se entregan al ritmo que emana de los cueros del tambor.
Aunque esta festividad se celebra en distintos rincones del país, las expresiones más emblemáticas tienen lugar en el estado Miranda, particularmente en poblaciones como Curiepe, Río Chico, Higuerote y Barlovento, donde las cofradías mantienen viva una tradición de más de tres siglos. También son reconocidas las celebraciones en Naiguatá (estado La Guaira), donde los tambores retumban frente al mar Caribe, y en Caracas, en sectores populares como El Guarataro, San Agustín y Antímano.
Asimismo, el fervor por San Juan se hace sentir en comunidades de Aragua, Carabobo, Yaracuy, Falcón y Zulia, donde año tras año se multiplican las muestras de fe y cultura. En cada región, los tambores suenan con su estilo particular, reflejando la riqueza y diversidad de esta tradición nacional.
La celebración de San Juan Bautista no solo es una fiesta religiosa, sino también una poderosa manifestación de identidad, resistencia y alegría. Cada tambor que suena en su nombre, es un latido de la historia viva de Venezuela.
Por: Play Multimedios



